Lo de diario fue algo simbólico. No tengo tiempo para escribir todos los días, y honestamente no conozco a nadie que vaya a leer este descargo. Por eso me animé a escribirlo. En fin. De a poquito iré contándoles. Estos días de finales de otoño se prestan para reflexionar y mucho. Acabo de salir del instituto en el que trabajo. Despedidas. Deseos de buen fin de semana. Rutina. Camino por la acera rumbo al estacionamiento. El viento frío del sur se hace sentir, y habla a las claras a todo el que quiera oírlo: El otoño se termina. El invierno está en ciernes. Son apenas siete y cinco de la tarde, pero ya está oscuro. Casi no hay gente en las calles. La actividad en la ciudad se reduce notablemente, casi que junto con la temperatura. Los árboles, unos fresnos plantados que brindan una generosa sombra en verano, están casi sin hojas. Llego a la esquina y el viento se hace notar aún más. Veo una mamá que lleva a su hijita de la mano rumbo a su casa. Llego hasta el auto. La puerta al cerrarse me desconecta del mundo exterior, y me sumerge en un cálido ambiente. Dejo la mochila a un costado. La música me relaja en tanto tomo un trayecto distinto para volver: La costa. No sé cómo será la rambla en tu ciudad, pero acá es una calle muy bonita, con un entorno que cambia a cada tramo, en cada sector. Hay un sendero para caminar entre la calle y el río. Ese sendero sigue todo a lo largo por varios kilómetros. Cruza una zona de eucaliptos, donde hay muchos parrilleros, mesas y bancos que en las tardes de verano son el deleite de la gente. Se prestan para hacer asados, o simplemente merendar en familia, o pareja. Llovizna. Era sabido. El jueves por la noche se notó que iba a ser una noche fría, helada. Me bajo en un sector en el que se cruza la ruta de la costa con una avenida. Camino hasta el borde del terraplén amurallado que separa la zona de camping con la playa. El cielo está gris. Oscuro. De metal. El viento sopla fuerte. Súbitamente, en mi mente el paisaje empieza a cambiar. Empiezo a recordar, y cual si fuera una máquina del tiempo, todo empieza a ir marcha atrás. Esos negocios que están hoy, desaparecen para dar lugar a otros que estaban años atrás. La doble avenida con semáforos deja lugar a una sola señalizada con carteles. Árboles, edificios... todo cambia. Yo mismo estoy cambiando. Pareciera que el viento al despeinarme, se llevara también años de mi vida. Mi pelo se vuelve más oscuro. Las fuerzas vuelven. La vitalidad y las ganas de vivir una vida nueva, en un mundo que se está abriendo ante tus ojos, también. Súbitamente, abro los ojos en mi mente: Es un día soleado, en contraste con la noche gris que comenzó. Mi auto no está ahí. Tengo 19 años otra vez. La ciudad, es la misma que era hace 14 años atrás. Sí, lo recuerdo como si lo estuviera viviendo de nuevo. Respiro, y puedo sentir el perfume a azahar, a jazmín... típicos de mi ciudad. Me llamo David Simone, tengo 19 años, y así, me gustaría empezar a contar esta historia.
sábado, 18 de mayo de 2013
La de "Diario de una idiotez." Finales de otoño...
Lo de diario fue algo simbólico. No tengo tiempo para escribir todos los días, y honestamente no conozco a nadie que vaya a leer este descargo. Por eso me animé a escribirlo. En fin. De a poquito iré contándoles. Estos días de finales de otoño se prestan para reflexionar y mucho. Acabo de salir del instituto en el que trabajo. Despedidas. Deseos de buen fin de semana. Rutina. Camino por la acera rumbo al estacionamiento. El viento frío del sur se hace sentir, y habla a las claras a todo el que quiera oírlo: El otoño se termina. El invierno está en ciernes. Son apenas siete y cinco de la tarde, pero ya está oscuro. Casi no hay gente en las calles. La actividad en la ciudad se reduce notablemente, casi que junto con la temperatura. Los árboles, unos fresnos plantados que brindan una generosa sombra en verano, están casi sin hojas. Llego a la esquina y el viento se hace notar aún más. Veo una mamá que lleva a su hijita de la mano rumbo a su casa. Llego hasta el auto. La puerta al cerrarse me desconecta del mundo exterior, y me sumerge en un cálido ambiente. Dejo la mochila a un costado. La música me relaja en tanto tomo un trayecto distinto para volver: La costa. No sé cómo será la rambla en tu ciudad, pero acá es una calle muy bonita, con un entorno que cambia a cada tramo, en cada sector. Hay un sendero para caminar entre la calle y el río. Ese sendero sigue todo a lo largo por varios kilómetros. Cruza una zona de eucaliptos, donde hay muchos parrilleros, mesas y bancos que en las tardes de verano son el deleite de la gente. Se prestan para hacer asados, o simplemente merendar en familia, o pareja. Llovizna. Era sabido. El jueves por la noche se notó que iba a ser una noche fría, helada. Me bajo en un sector en el que se cruza la ruta de la costa con una avenida. Camino hasta el borde del terraplén amurallado que separa la zona de camping con la playa. El cielo está gris. Oscuro. De metal. El viento sopla fuerte. Súbitamente, en mi mente el paisaje empieza a cambiar. Empiezo a recordar, y cual si fuera una máquina del tiempo, todo empieza a ir marcha atrás. Esos negocios que están hoy, desaparecen para dar lugar a otros que estaban años atrás. La doble avenida con semáforos deja lugar a una sola señalizada con carteles. Árboles, edificios... todo cambia. Yo mismo estoy cambiando. Pareciera que el viento al despeinarme, se llevara también años de mi vida. Mi pelo se vuelve más oscuro. Las fuerzas vuelven. La vitalidad y las ganas de vivir una vida nueva, en un mundo que se está abriendo ante tus ojos, también. Súbitamente, abro los ojos en mi mente: Es un día soleado, en contraste con la noche gris que comenzó. Mi auto no está ahí. Tengo 19 años otra vez. La ciudad, es la misma que era hace 14 años atrás. Sí, lo recuerdo como si lo estuviera viviendo de nuevo. Respiro, y puedo sentir el perfume a azahar, a jazmín... típicos de mi ciudad. Me llamo David Simone, tengo 19 años, y así, me gustaría empezar a contar esta historia.
jueves, 16 de mayo de 2013
La de "Diario de una idiotez". Piloto.
Un episodio piloto es justamente eso. Un prototipo. Algo creado a modo de prueba para ver qué aceptación tiene. Este blog era leído por cinco personas, que se redujeron a dos, para luego ser leído solamente por alguien que cayera porque Google entendió mal lo que estaba buscando. Leí una vez un diálogo de una obra de teatro, de Plaza Noblía, se llamaba "La Cerrazón", en la que uno de sus personajes hacía una reflexión muy elocuente: "Como si se pudiera apretar la vida en una hoja de papel". Ese librito lo recibí en 1993 como parte del premio de un concurso de cuentos, fijate que tiene que ser un poquito más viejo. Hoy los tiempos cambiaron un poco. Ya no escribimos en papel. Ahora lo hacemos en LibreOffice, OpenOffice, Word, Wordperfect... o un post en un blog. "Digital". Como que antes no usabas los dedos para escribir... en fin. Es difícil plasmar un hecho, o cadena de hechos, a través de palabras. Más cuando no tenés claro el principio del asunto. ¿Cuándo empezó esto? No nos pongamos muy reflexivos, al estilo de "La máquina del tiempo", pero es difícil precisarlo. Para ser justos, y honestos, debería contar cosas que pasaron mucho tiempo atrás. En esta misma ciudad, en esta misma zona. Cuando todavía tenía el pelo oscuro y dudas sobre la carrera que iba a elegir. Cuando todavía era un estudiante más bien mojigato, chapado a la antigua, resistiendo la moda que llevaban sus compañeros y orgulloso de ser "distinto". El "tragalibros" de la clase. El que tenía una respuesta para todo. El "nerd". El que se arrepintió de haber elegido la orientación Humanística en Bachillerato cuando vio que tenía más habilidad para los números, y no de Economía precisamente. Días muy lindos aquellos. Descubrir el mundo de los adultos, con toda esa novedad. La novelería de cuando las chicas dejan de ser el "enemigo" para convertirse en los seres más lindos que hayas visto. Ya no te molestaba escucharlas hablar de "cosas de nenas", muñecas y bobadas en un principio, para pasar a series de televisión después, para escucharla hablar de sus gustos durante los recreos. Aquella muchacha que fue tu compañera de equipo primero, para convertirse en tu noble ayudante en los debates de Filosofía, cuando "luchabas" contra las inteligentes del equipo "contrario", que después pasaría a ser tu más entrañable compañera, y nunca te atreviste a preguntarle... "¿Te gustaría ser mi novia?", a pesar que tus amigos te animaban a que lo hicieras. Todo eso vuelve hoy, cuando estoy sentado en el pupitre del docente mientras mis alumnos rinden un parcial. La puerta se abre y respiro el aire frío. El ruido del timbre que anuncia el fin de la clase me trae a la realidad del presente. "¿Para cuándo están los resultados?", me preguntan. Acaba de entregarme el grupito de hojas. Respondo que en siete días. Yo sé que los voy a tener dentro de dos. También que contesté lo primero que me vino a la cabeza para poder retomar el hilo del recuerdo que acabada de dejar. Dijo una vez Jeremy Irons, en "La máquina del tiempo" : "Todos tenemos nuestra máquina del tiempo. La que nos lleva al pasado son recuerdos... la que nos lleva al futuro.. son sueños". Espero que el viaje sea divertido. Porque seguro lo voy a hacer...
La de "Diario de una idiotez." Prólogo.
Me pareció bien llamarlo "prólogo". Aunque no pienso contar de qué se trata, ni quién es quien. Dicen por ahí que si querés olvidar a una mujer, debes convertirla en literatura. Lamentablemente, desde secundaria se me dieron bien los cuentos. Y más lamentablemente, en esta etapa tengo varias personas para olvidar. ¿Razones? Uf, mil, pero hay una que se repite: Cuando querés a alguien y no sos correspondido, o esa relación no se puede dar, o simplemente te dieron a entender algo y te jodieron. Así de simple. Entonces, la idea será tejer una trama de un cuento en prosa, largo, en especie de episodios. Entre todos los personajes estarán ellos. Nombres cambiados, lugares cambiados, no porque me preocupe proteger sus identidades, por mí que se vayan bien al diablo. Sí, porque al cabo, la idea es olvidarlos. O "las". ¿Ok?. Y que den gracias que no se me dio por publicar ninguna foto, que aunque en su Facebook digan "no publico mis fotos porque bla bla bla", sí, siempre son accesibles. Y también deberían agradecer que abandoné el proyecto de www.pegateuntiro.com, un sitio dedicado a homenajear a todos aquellos imbéciles que por a o b razón te amargaron un día, un mes, un año... o hasta años de la vida. Así que bienvenidos al cuento más aburrido de la historia. Y tomando una frase de una película que vi, (500 days of Summer), me gustaría tomar prestada la introducción.
"Nota del Autor:
Esta obra es pura ficción. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, es pura coincidencia.
Especialmente vos, Soledad Huidobro.
Perra."
Wooops. Al diablo con lo del anonimato. Al menos el de Pipina. Ya sé. Vos te vas a llamar Soledad. Ok?
"Nota del Autor:
Esta obra es pura ficción. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, es pura coincidencia.
Especialmente vos, Soledad Huidobro.
Perra."
Wooops. Al diablo con lo del anonimato. Al menos el de Pipina. Ya sé. Vos te vas a llamar Soledad. Ok?
jueves, 9 de mayo de 2013
La de "Hakuna Matata", Parte II
Escuché por ahí que para empezar a escribir algo, tenés que saber primero el tema, el título. Si estás leyendo esto, te habrás dado cuenta que este blog es cualquier cosa. No sigo una temática más que las cosas que veo que pasan... y me pasan. A veces paso tiempo sin escribir nada porque simplemente no pasa fuera de lo común, o nada que valga la pena contar. O al menos que yo considero que no valen la pena contar. Bueno, demasiada reflexión para esta hora de la mañana. Naaa, no mires la hora de publicación del post, suelo escribirlos y postearlos después. A veces muuucho después. La disyuntiva de hoy es sobre esa gente que cree que las relaciones personales son desechables. ¿Cómo? ¿Por qué? Bien, trabajo en IT. Área ingrata de esta empresa si las hay. Porque nadie se acuerda de vos, salvo cuando algo falla. Sobre todo si "no anda Internet". Sí, así. Porque para ellos "Internet" es un aparato que tengo escondido y falla. O si alguna de sus laptops o tablets personales falla, parece que asumen que es mi responsabilidad mantenerlas en funcionamiento... gratis. Pará un poquito. Hay una diferencia muuuuy grande entre hacer un favor, porque no me cuesta nada.. a una obligación. E incluso, si lo hacés por obligación, el mero hecho de saber quién es la otra persona, amerita que cuando lo veas por ahí le dediques una mirada amigable de 0.3 segundos y tal vez un "Hola!". Pero eso de "usarte" y después ignorarte olímpicamente... me parece que no anda. No, no va. O cuando las alumnas de determinado curso no pueden hacer funcionar un conocido y popular programa para aprender mecanografía, y recurren a vos porque vos "tenés que hacerlo andar". Pará. Negociemos. ¿"Tengo que hacerlo andar"? ¿TENGO? ¿Por qué "tengo" que hacerlo andar? ¿Y si no quiero? Esa no es una computadora de la empresa.¿Qué me importa a mí si no te anda tal o cual cosa? Es TU computadora, no mía. Ni ninguna de las que están a mi cargo. ¿Entonces cuando se te infecte o le rompas algo, me la vas a tirar a mí también? Bueno, supongamos que ese día estoy de buen humor y soluciono el "problema". ¿Cuesta tanto decir "gracias"? No quiero que seamos amigos de ahí en adelante, pero ¿tanto cuesta saludar?. Tal vez es mi cara. Porque me pasa también a nivel de amistades. Sí, tengo que estar para escuchar a cada uno que conozco que se peleó con la novia, o que el novio hizo tal cosa, o bla bla bla blá. Pero pasa que cuando soy yo el que necesita hablar con alguien... toooodo el mundo está ocupado. O si visito a alguien, pasan dos minutos antes de que, sin dejar de hablar de lo que a ELLOS les interesa, me toman del brazo mientras empiezan a caminar hacia la puerta. ¿Por qué? ¿Por qué no vacilan en buscarme cuando me precisan... y cuando la "urgencia" termina, paso de ser un amigo necesario a una compañía indeseable? Francamente, es algo que me está taladrando en la cabeza últimamente. Es feo. No se lo deseo a nadie. En fin... ¿sabés qué? HAKUNA MATATA.martes, 7 de mayo de 2013
La de "Hakuna Matata", Parte I
Lo prometí. Era digno de un post. O sea, más que un post, un descargo. La disyuntiva de hoy es... ¿dónde aprende a manejar cierta gente? ¿Quién les expide la licencia?. Pasemos a analizar los hechos, es tarde y tengo sueño, y como buen uruguayo bobo... trabajo. Y sí, pago IRPF, y como no aguanto las ganas de pagarlo, quiero descansar para mañana ir feliz a generar más platita para que me la saquen... en fin. Lugar: El Salto Oriental, ciudad de 120 mil habitantes que se creen (bah, NOS creemos) lo mejor del Uruguay. Y modestia aparte... lo somos, je. Hora... cerca de las cuatro de la tarde, hora en la que este servidor iba a cumplir su tarea vespertina. Primer incidente: Julio Delgado y 6 de abril. Un IDIOTA atravesó la avenida haciendo "cross" en su motoneta. Gasté 1/3 de cubiertas en la frenada. Casi me hice un esguince en la muñeca cuando golpeé con la palma la bocina. No me dio para bajar el vidrio y decirle "lindo" porque... bueno, no estaba tan enojado. Además... el tonto iba sin casco. Segundo incidente: Julio Delgado y 8 de octubre (sí, nos gusta mucho ponerle como nombre a una calle una fecha. Aunque a nadie le importe. Algún día habrá una "Tres de mayo", ya van a ver). Decía, incidente dos: Taximetrista atraviesa la avenida sin mirar siquiera. Me miró con cara de "¿Qué?" cuando le bociné. Ahora sí tengo un esguince en la muñeca. Tuve que manejar con una sola. Me duele el tobillo derecho. Es que pisé muy fuerte el freno. Ya perdí todo el buen humor que traía. Además en la radio empieza a sonar "Bye bye Beautiful" de Nightwish. Subo el volumen de bronca. Tercer incidente: Sigo por Julio Delgado y llego a 19 de abril (Te dije que nos gustan mucho las fechas). Ahí la que pasó sin mirar fue una mujer hablando por celular y con la otra mano pasándole un pañuelito al nene. El nene iba sin cinturón. Me dejó tan atónito que no atiné siquiera a tocar bocina. Aparte me duele la mano. Esta vez frené con la zurda. ¿Quién dijo que solo Forlán podía usar los dos pies? JE. Cuarto incidente: Pasando calle Uruguay, Julio Delgado cambia de nombre por ... creo que Juan Carlos Gómez. En la esquina de JC Gómez y Rivera debo doblar al este, hacia la izquierda. En la cuadra de la Seccional Primera de Policía, llegando al destacamento de Bomberos... UN IMBÉCIL QUE ESTABA ESTACIONADO SALE SIN MIRAR y se mete delante de mí. Casi lo llevo puesto. Dobló por ... ya no recuerdo la calle hacia el norte. Yo tenía que seguir... pero no iba a pasar mucho porque faltaba el Quinto incidente.. Calle Rivera, en la acera sur... una señora "coqueta" (VIEJA @@#~!!) abre la puerta del lado de la calle y baja sin mirar, mientras descargaba sus bolsas de compras y hablaba por celular. Casi la mato. No, no por atropellarla, sino que casi se me da por frenar, bajar, trompearla, tirarla delante de un ómnibus y seguir.
Sigo por Rivera y llego a Sarandí, mi destino. Ahí tengo que aguantar al cuidacoches que me gaste porque Nacional perdió 3 a 0 con el cuadro del año 13 ayer. Qué calentura.
Con semejantes idiotas afuera... ¿cómo pretenden que uno no esté estresado?
¿Quién les enseñó a manejar? ¿Quién les dio la licencia?
naaaa, que se jodan, HAKUNA MATATA
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