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jueves, 21 de marzo de 2013

La de "Llevo mucho tiempo, y todo está muy claro.."

"... pero no, no te puedo matar." Dice el tema de Buitres. Buen grupo. Buena música. Buenos temas. En fin. Este dilema no es un dilema, no es una disyuntiva ni mucho menos. Es una mera apreciación entre el balance de lo que es querer y deber. Y vamos, no te pongas exquisito, diría JC Scelza (patético comentarista deportivo de Tenfield), todos quisimos algo alguna vez, y no debíamos. Vaya a saber uno por qué no debía. Capaz querías comer helado o torta y estabas a dieta, o capaz te gustó la novia de un amigo (Daaaale, yo sé que te pasó). Bueno, mi disyuntiva... no tiene nada que ver. Es más profunda y simple. O sea, al ojo desentrenado.

Si me conocieras, y no creo que me conozcas leyendo los disparates que escribo acá, te darías cuenta que soy de una subespecie en peligro de extinción. Capaz me crié viendo demasiados dibujos animados de superhéroes, tipos que dejan todo en pro del bien común, por salvar a otro, o ayudar a otro. Aquellos valores perdidos de que la palabra que diste no se cambia. Que la promesa que hiciste, que ahora es re-jodido cumplirla, hay que cumplirla. Que hay que vivir con honor, honradez, dignidad. Aunque por hacerlo tu vida se vaya al Congo Belga (Expresión tomada de un viejo programa argentino llamado "Viernes de Teatro", Germán Krauss y Patricia Palmer, y se me pegó de por vida). No sé. Me cuesta entender a la gente que me dice "Tenés que pensar más en vos". O "lo importante es que vos seas feliz, lo demás que se jodan". ¿En qué planeta vivo? Francamente, no puedo concebir una acción sin reacción. Una causa sin consecuencias. Yo no soy un ermitaño, vivo en una sociedad. Tengo un entorno, tengo amigos, seres queridos, gente que, me guste o no, se va a ver afectada por lo que decida hacer. Basta de reflexión por ahora. Esta situación me trajo a la memoria un viejo cuento. Dicen que se dio en el Tíbet, en uno de esos templos donde viven unos monjes guerreros, de esos con túnicas y espadas, que vemos en las películas y pim! pam! sock!. Bueno, cuenta la leyenda que uno de los guardias del templo murió. Y era hora de promover a uno de los alumnos. Para ver quién era digno, el maestro los reunió a todos en un salón, y dijo que quien resolviera el problema que iba a plantear, sería el próximo guardián. Cuál no fue su sorpresa, cuando el maestro trajo una mesita de madera tallada, muy bonita. Un florero antiguo, muy valioso, con agua  y dentro, un precioso ramo de flores. Todos miraron desconcertados. Bueno, casi todos, porque uno sacó la espada, y de un golpe PAM! rompió flores, florero y mesa. Hecho esto, envainó la espada y quedó de pie, esperando el veredicto del maestro. Éste le dijo "Tú serás el próximo guardián del templo". Moraleja: No importa lo lindo que sea. No importa la forma que se presente. No importa el valor que aparente tener. Un problema es un problema, y como tal, debe ser eliminado. Todos tenemos nuestros floreros en la vida. Algunos son cosas, objetos. Otros son personas. Está en nosotros en tener la sabiduría de reconocerlos como problemas, y la fortaleza de eliminarlos como tales. No, pará, no te estoy diciendo que salgas a matarlo, o matarla. Simplemente, eliminarlo de tu vida. Que deje de afectarte.

Mi dilema es, que por qué, sabiendo todo esto... "llevo mucho tiempo, y todo está muy claro, pero no, no te puedo matar."

Espero que pronto junte la fuerza y el coraje para hacer trizas ese florero.
Saludos

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