Con ustedes las fotos.
PD; La fecha y la hora de la cámara no tienen nada que ver. La foto es de hoy 30 de mayo de 2013 a las 22:40.
Lo de diario fue algo simbólico. No tengo tiempo para escribir todos los días, y honestamente no conozco a nadie que vaya a leer este descargo. Por eso me animé a escribirlo. En fin. De a poquito iré contándoles. Estos días de finales de otoño se prestan para reflexionar y mucho. Acabo de salir del instituto en el que trabajo. Despedidas. Deseos de buen fin de semana. Rutina. Camino por la acera rumbo al estacionamiento. El viento frío del sur se hace sentir, y habla a las claras a todo el que quiera oírlo: El otoño se termina. El invierno está en ciernes. Son apenas siete y cinco de la tarde, pero ya está oscuro. Casi no hay gente en las calles. La actividad en la ciudad se reduce notablemente, casi que junto con la temperatura. Los árboles, unos fresnos plantados que brindan una generosa sombra en verano, están casi sin hojas. Llego a la esquina y el viento se hace notar aún más. Veo una mamá que lleva a su hijita de la mano rumbo a su casa. Llego hasta el auto. La puerta al cerrarse me desconecta del mundo exterior, y me sumerge en un cálido ambiente. Dejo la mochila a un costado. La música me relaja en tanto tomo un trayecto distinto para volver: La costa. No sé cómo será la rambla en tu ciudad, pero acá es una calle muy bonita, con un entorno que cambia a cada tramo, en cada sector. Hay un sendero para caminar entre la calle y el río. Ese sendero sigue todo a lo largo por varios kilómetros. Cruza una zona de eucaliptos, donde hay muchos parrilleros, mesas y bancos que en las tardes de verano son el deleite de la gente. Se prestan para hacer asados, o simplemente merendar en familia, o pareja. Llovizna. Era sabido. El jueves por la noche se notó que iba a ser una noche fría, helada. Me bajo en un sector en el que se cruza la ruta de la costa con una avenida. Camino hasta el borde del terraplén amurallado que separa la zona de camping con la playa. El cielo está gris. Oscuro. De metal. El viento sopla fuerte. Súbitamente, en mi mente el paisaje empieza a cambiar. Empiezo a recordar, y cual si fuera una máquina del tiempo, todo empieza a ir marcha atrás. Esos negocios que están hoy, desaparecen para dar lugar a otros que estaban años atrás. La doble avenida con semáforos deja lugar a una sola señalizada con carteles. Árboles, edificios... todo cambia. Yo mismo estoy cambiando. Pareciera que el viento al despeinarme, se llevara también años de mi vida. Mi pelo se vuelve más oscuro. Las fuerzas vuelven. La vitalidad y las ganas de vivir una vida nueva, en un mundo que se está abriendo ante tus ojos, también. Súbitamente, abro los ojos en mi mente: Es un día soleado, en contraste con la noche gris que comenzó. Mi auto no está ahí. Tengo 19 años otra vez. La ciudad, es la misma que era hace 14 años atrás. Sí, lo recuerdo como si lo estuviera viviendo de nuevo. Respiro, y puedo sentir el perfume a azahar, a jazmín... típicos de mi ciudad. Me llamo David Simone, tengo 19 años, y así, me gustaría empezar a contar esta historia.
Escuché por ahí que para empezar a escribir algo, tenés que saber primero el tema, el título. Si estás leyendo esto, te habrás dado cuenta que este blog es cualquier cosa. No sigo una temática más que las cosas que veo que pasan... y me pasan. A veces paso tiempo sin escribir nada porque simplemente no pasa fuera de lo común, o nada que valga la pena contar. O al menos que yo considero que no valen la pena contar. Bueno, demasiada reflexión para esta hora de la mañana. Naaa, no mires la hora de publicación del post, suelo escribirlos y postearlos después. A veces muuucho después. La disyuntiva de hoy es sobre esa gente que cree que las relaciones personales son desechables. ¿Cómo? ¿Por qué? Bien, trabajo en IT. Área ingrata de esta empresa si las hay. Porque nadie se acuerda de vos, salvo cuando algo falla. Sobre todo si "no anda Internet". Sí, así. Porque para ellos "Internet" es un aparato que tengo escondido y falla. O si alguna de sus laptops o tablets personales falla, parece que asumen que es mi responsabilidad mantenerlas en funcionamiento... gratis. Pará un poquito. Hay una diferencia muuuuy grande entre hacer un favor, porque no me cuesta nada.. a una obligación. E incluso, si lo hacés por obligación, el mero hecho de saber quién es la otra persona, amerita que cuando lo veas por ahí le dediques una mirada amigable de 0.3 segundos y tal vez un "Hola!". Pero eso de "usarte" y después ignorarte olímpicamente... me parece que no anda. No, no va. O cuando las alumnas de determinado curso no pueden hacer funcionar un conocido y popular programa para aprender mecanografía, y recurren a vos porque vos "tenés que hacerlo andar". Pará. Negociemos. ¿"Tengo que hacerlo andar"? ¿TENGO? ¿Por qué "tengo" que hacerlo andar? ¿Y si no quiero? Esa no es una computadora de la empresa.¿Qué me importa a mí si no te anda tal o cual cosa? Es TU computadora, no mía. Ni ninguna de las que están a mi cargo. ¿Entonces cuando se te infecte o le rompas algo, me la vas a tirar a mí también? Bueno, supongamos que ese día estoy de buen humor y soluciono el "problema". ¿Cuesta tanto decir "gracias"? No quiero que seamos amigos de ahí en adelante, pero ¿tanto cuesta saludar?. Tal vez es mi cara. Porque me pasa también a nivel de amistades. Sí, tengo que estar para escuchar a cada uno que conozco que se peleó con la novia, o que el novio hizo tal cosa, o bla bla bla blá. Pero pasa que cuando soy yo el que necesita hablar con alguien... toooodo el mundo está ocupado. O si visito a alguien, pasan dos minutos antes de que, sin dejar de hablar de lo que a ELLOS les interesa, me toman del brazo mientras empiezan a caminar hacia la puerta. ¿Por qué? ¿Por qué no vacilan en buscarme cuando me precisan... y cuando la "urgencia" termina, paso de ser un amigo necesario a una compañía indeseable? Francamente, es algo que me está taladrando en la cabeza últimamente. Es feo. No se lo deseo a nadie. En fin... ¿sabés qué? HAKUNA MATATA.